Por Ana Manfrinatto
El el último mes de mayo la Sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional determinó una multa de doscientos mil pesos argentinos a los dueños del sitio web Taringa!. La razón? Dicen que son responsables por infringir la ley de propiedad intelectual.
Pero antes de hablar del fallo que determinó la multa a Hernán Botbol, unos de los socios responsables del sitio, junto a su hermano Matías y Aberto Nakayama, hablemos de Taringa!, un sitio web como el Facebook direccionado no solamente a hacer amigos y decir que les gusta sus publicaciones, sino una red social para compartir archivos.
Bajo el slogan de “inteligencia colectiva”, el sitio fue criado en Argentina en el 2004 y es una de las direcciones web más visitadas del país. Tiene alrededor de ocho millones de usuarios y veinte mil nuevos posteos cada día. Se trata de un espacio para intercambiar informaciones, una vez que las comunidades, los temas y posts de Taringa! tienen links para servidores de archivos subidos por los mismos usuarios de la comunidad.
Es decir, los mismos miembros del sitio suben los archivos y entre ellos los comparten, como en cualquier red social, lo que es totalmente diferente de ser un espacio donde ya está el material y que la gente simplemente se sirva desde ahí. Pero el tema es que la ley no lo está tomando de esta manera, razón por la cual los dueños fueron multados.
Además, el sitio cuenta con un sistema que denuncia todos aquellos posts cuyo contenido infringe la ley de propiedad intelectual. El tema es que el mismo Taringa! explica la dificultad de mantener un control eficaz. Según los imputados en el fallo publicado por la Agencia de Noticias del Poder Judicial, “es imposible determinar el contenido de las cargas y también de determinar si violan los derechos de autor cuando, de forma diaria, se realizan veinte mil publicaciones en promedio”.
De ser así, cuando el fallo comenzó a circular en la red, Hernán Botbol publicó un comentario desde su cuenta de Twitter diciendo que “hay una catarata de información falsa y mal difundida”. Y aseguró que “en su momento se aclararán las cosas”. Lo que quiso decir uno de los socios responsables de Taringa! es que hubo una falta de conocimiento de los procesos legales en este caso.
La controversia en torno a la plataforma tiene como base las acusaciones de infracciones a la ley de propiedad intelectual. Todo eso porque desde sus post se puede acceder a contenidos sin autorización del autor. La profesora de la Universidad de Buenos Aires, Beatriz Busaniche, llamó la atención para con un detalle del artículo en el cual el juicio tiene base, el 72 de la ley 11.723 (del año 1933).
“Que Taringa! gane o no gane plata no es el tema: esto aplica a vos y a cualquiera que tenga un link para compartir un archivo sin autorización, con o sin fin de lucro”. Es decir que dicho artículo está fundamentado solamente en la reproducción no autorizada. Y aparte no dice que esta reproducción puede o no puede tener como fin la ganancia económica.
Lo que quiere decir Beatriz Busaniche, y esto lo hace en el sitio de la Fundación Via Libre, es que en los términos en los cuales se plantea la ley, cualquier persona que utilice un dispositivo digital (notebook, smartphone, etc.) ya ha violado de por sí alguna vez dicho artículo. La reproducción de obras es algo común y corriente entre las personas que utilizan mail y las redes sociales. Con lo cual la ley de propiedad intelectual necesita de una urgente modificación ya que su redacción fue en el año 1933!
La fundación de Taringa!
El sitio fue fundado en 2004 por Fernando Sanz, un joven de bajo perfil, cuando éste todavía estaba en el colegio. Según cuenta en una entrevista al diario La Nación, su idea era básicamente replicar un sitio que ya existía (teoti.com). Al principio abrió un registro y se los dio a los amigos, estos corrieron la pelota a sus amigos y así creció la página.
“Me di cuenta del crecimiento cuando iba por la calle con las primeras remeras de Taringa! que hice y la gente me regalaba cosas. Ese era un termómetro fuerte”, dice. Sanz empezó a darse cuenta de que el sitio le convenía cuando se alcanzaron las treinta mil visitas por día. La venta de la página a los actuales socios responsables fue concretada por cinco mil dólares a través de una charla por chat.




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